Ha llegado el Adviento como pórtico de esperanza para preparar la Navidad. Un Adviento en tiempo de crisis. La crisis actual es global. Afecta no sólo a la economía sino también al aire que respiramos y a la tierra que habitamos, a la cultura y a los valores, a las religiones y a la misma fe. Todos estamos implicados y afectados; también la Iglesia, instituciones y personas individuales que la formamos. Uno de los rasgos en que se manifiesta es precisamente la depreciación de la esperanza que, como una nueva epidemia, va asentándose hasta en los que deberían ser «laboratorios de esperanza». Y percibimos que ni la Iglesia como institución ni cada uno de sus miembros estamos a la altura de la fe que profesamos, ni somos un referente para los demás. En una sociedad necesitada de esperanza es donde los cristianos hemos de «dar razón de nuestra esperanza», a nosotros mismos y a los hombres y mujeres con quienes compartimos esta situación. ¿Cómo celebrar el Adviento en tiempo de crisis? ¿Cómo mirar al mundo con ojos de esperanza? ¿Cómo avivar la llama de la «pequeña esperanza» que se nos apaga? ¿Cómo construir la esperanza enraizados en Jesucristo?

He aquí «Diez consejos prácticos para vivir el Adviento».

 

 
1. Despertad... El Señor no quiere gente dormida, ni gente que se desentienda de la realidad, ni que delegue en otros el encargo de vigilar y trabajar. Los dormidos y adocenados no sirven para el reino.
 
2. Tened cuidado... «No se os embote la mente con el vicio y los agobios de la vida». La advertencia está dirigida precisamente a los instalados, a los que solo se preocupan de sus cosas. No os acostumbréis a vivir con un corazón insensible y endurecido, buscando llenar vuestra vida de bienestar y placer, de espaldas al Padre del cielo y a sus hijos que sufren en la tierra. Ese estilo de vida os hará cada vez menos humanos.
 
3. Sed lúcidos y críticos... Despertad al presente, a lo que acontece y está cerca. Sed críticos ante los acontecimientos de nuestra aldea global y que pueden oscurecer la venida del Señor.
 
4. Preguntad... Preguntad no sólo qué pasa sino qué tiene que pasar, y qué tenemos que hacer aquí y ahora para que se cumpla la voluntad de Dios.